Adios, querida Yasi (Tito)
Llegaste en octubre de 1995, en una cajita de estufa a cuarzo. Te llevé porque me enamoré de vos desde el primer instante. Una bola negra y blanca. Alguno dijo por ahí que estos perros "marca perro" después salen todos deformes. Es cierto, tu cola se hacía un "rulo gancho" en la punta y desconectabas todos los cables. Es cierto que se te paraba solo una oreja, es cierto que tu pelo cambiaba de color y que se te hacia una peladilla en el lomo. ¡Pero eras tan hermosa!
Tu debilidad, la comida, era un problema... te gustaba todo, y sobre todo las cosas caseras. Recuerdo todas las cosas ricas que te robabas (pollo, budin ingles... en fin lo que cayera .... o lo que te procurabas no se como)
Siempre te gustó jugar; jugabamos al "puente", a las escondidas, a las carreras, con tus ositos y otros muñecos. Jugaste hasta el último minuto de tus largos 13 años con ese osito (sin brazos lo dejaste ) que te regalé.
Me acompañaste en todas las ocasiones, siempre atenta, escuchando los sabios consejos de mamá. Es cierto que teniamos que tener cuidado con lo que hablabamos porque entendias todo. Y te hacías entender.
Siempre estabas esperandonos con todo tu amor y tu alegría torpe. Te gustaba que te palmotearamos las ancas y zapatear con tus patitas traseras. Te gustaban las reuniones para estar con toda la familia.
Eras coqueta, mimosa ... nunca me voy a olvidar el día que te puse un buzo polar... ¡te dio tanta verguenza usarlo!
Los tumores comenzaron a avanzar y siempre seguiste con tu animo incambiado. Nos acompañaste en enfermedades, al pie de la cama ( cuando no sobre la cama, mientras te dio el cuerpo para subirte) y nos cuidaste de las malas juntas ( siempre con mala cara a aquellos que no te gustaban).
El día que te tuvimos que dejar ir, no tuvimos que explicarte nada, ya lo sabías. Nos esperaste como aquella perrita joven y cariñosa. Nos pediste que nos sentaramos a tu lado, que te acariciaramos. Trajiste para jugar tu osito favorito. Hacia mucho que no jugabas, pero sería la última vez. Pediste huevo de Pascua y mirando hacia la puerta, suspiraste esperando la llegada del veterinario.
El momento había llegado .... sabías lo que estaba por suceder. Tuve que darte un poquito de mortadela y apretarte fuerte con la primer inyección. Te costó dormirte pero antes de dormir, un pedazo de queso. Siempre glotona, si casi no habías comido tu comida en cuatro días. Te dormiste en la cocina, acaraciada por mamá y por mi, tu hermana del alma. Te guardé en una sábana y te llevé hasta el auto del veterinario para que descansaras por fin de tanto sufrimiento de los últimos días.
Se que tuviste una vida plena hasta el final. Te amamos mucho.
Tu hermana Fernanda yMamá Amalia

